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EL PODER DE LAS CREENCIAS

Las creencias e ideologías; ejercen una poderosa influencia sobre el comportamiento y conducta del ser humano.  Aparentemente, se torna complejo; cambiar unas tradiciones y dogmas tan arraigadas, tras el paso de los siglos.

Pero, cuando una persona adquiere la conciencia suficiente en adquirir la intención y  compromiso necesario en realizar un cambio en su interior; descubre, que tales “creencias”, le estaban limitando.

 

Que su íntimo es mas valioso, que un dogma arraigado desde siempre. Que, aunque tal “reconocimiento”, haya ido perdurando por el paso de los años; esa disciplina o precepto; complejo de uno mismo o falsa convicción es irracional, ilógica y restrictiva.

 

 

Antonio del Castillo.2018

 

 

 

OS DEJO, ESTE PEQUEÑO FRAGMENTO, DEL LIBRO:

 “El poder de la palabra”. De Robert Dits.

 

 

La sociedad tiene claro que, cuando alguien cree que puede hacer algo, lo hace, mientras que, si está convencido de que no es posible, ningún esfuerzo ni nadie, le convencerá de lo contrario.

Es terrible que muchas personas enfermas, por ejemplo, de cáncer o afecciones cardíacas, insistan ante sus médicos y sus amistades con la misma creencia tan común, como la de decir; “Ya es demasiado tarde”, “de todos modos no hay nada que yo pueda hacer” o “soy una víctima; me ha tocado a mí”.

Con esta actitud; se consigue a menudo, limitar la autoestima y plenitud de recursos. Nuestras creencias sobre nosotros mismos y sobre lo que llevamos “aprendido” desde nuestra infancia; así como sobre lo que es posible en el mundo a nuestro alrededor, influyen con mucha fuerza en nuestra vida cotidiana.

Cada uno de nosotros tiene creencias que actúan como recursos, pero la mayoría de ellos; nos limitan. El poder de las creencias quedó demostrado por un estudio esclarecedor, en el que u n grupo de niños de inteligencia media.  Fueron divididos aleatoriamente en dos grupos de igual número. Uno de los grupos, fue asignado a un profesor al que se le dijo que sus alumnos eran “superdotados”. El otro grupo fue puesto al cargo de otro docente, al que se le dijo que se trataba de alumnos “torpes”.

A final de curso, se sometió a los dos grupos a una prueba de inteligencia. Como era de esperar, la mayor parte de los alumnos “superdotados”, puntuaron mejor que al comenzar el curso. Mientras que los “torpes”, lo hacían por debajo de sus registros anteriores.

 

Las creencias de sus respectivos profesores habían afectado la capacidad de aprendizaje de los alumnos.